sábado, 20 de noviembre de 2010

EN ESTE REINO

En este reino de ida y venidas
de botes y rebotes
de giros subidas y caídas
de palabras vivas y rendidas
de camaleones dormidos
en todos los lugares del mundo
un hombre desnudo camina a plena luz del día
en medio de la calle repleta de personas vacías
su presencia ha dejado de ser un escandaloso show
nadie se detiene a ver si siente frío
si ha sido víctima de robo
o si algún día decidió vivir como un animal vencido
como un despojo de piel caminante
ante nuestros ojos que sólo ven lo que queremos.

(Nadie sabe si el cielo es el límite.
El horizonte es un hombre aplastado
por todas las miradas).

El hombre desnudo da vueltas
alrededor de su mente
no espera ya a nadie a nada.

Extraños seres somos nosotros
con los pies pegados siempre a la vereda
cuidándonos siempre de la muerte.

Caminando el hombre desnudo
ya no quiere cambiar sus soles de siempre
por estos nuevos soles de ahora.
No abrirá más puertas condenadas
no perderá más llaves con el cuarto cerrado
los muebles eran cómodos
la luz de la ventana buena para escribir
innumerables cartas de amor
y de la cama ni dar detalles.
Pero el olvido puede más
y en sus ojos infinitos el amor eterno
se volvió hoja seca que a cada paso trituró.
Ni siquiera deja huellas
-el viento con el polvo las cubre de inmediato-
como si su melancolía ya constelada
no nos importara siquiera
o no nos alcanzara más nunca.

C.G. Sábado, 16/octubre/2010.
09:50 a.m.

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