martes, 11 de diciembre de 2012

ASESINATO

¡Pureza, pureza! El hombre dormido proclamaba la pureza del sueño. La apacible noche, con su imperio lunar, invadía los cadáveres. La muerte había cruzado el puente de los petrificados pechos acostados sobre el río de sangre. La luna dibujaba una fría sonrisa en el oscuro rostro de la parca. Ella se arrodilló y bebió todo el río, y se marchó embriagada de sangre y de luna. El hombre -único sobreviviente- fue tras ella y la asesinó abriendo los ojos.

Walter Toscano

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