miércoles, 9 de enero de 2013

MI PADRE II


A Manuel J. A. M., mi eterno superhéroe


Cuando niño, Superman tenía el inmutable rostro de mi padre. Batman y Spiderman, bajo sus máscaras o trajes de ave e insecto, ocultaban la rígida figura de quien, junto a mi madre, me obsequió lo único valioso que poseo, la vida.
Cierto día, ya lejano, en los albores de mi infancia, donde todo parece posible, emularía el maravilloso vuelo de los superhéroes con una imaginaria capa a mis espaldas; desde una ventana decidí emprender el más alto vuelo jamás realizado.
Aquel día comprendí, luego de una caída estrepitosa y luxación de mi muñeca derecha, que no podrían existir dos Superman al mismo tiempo, ni mi fortaleza compararse -por asomo siquiera– con la de papá.
Ya convencido de mi imposibilidad para las acrobacias en el aire y, sin tener la misma fortaleza de mis admirados personajes y con un brazo mal recompuesto, me adentré con mayor decisión en el también fantástico mundo del dibujo. Mi poder no estaría, por supuesto, en la fortaleza de mi cuerpo sino en la potencia de mi mente.
 A mi padre, con el tiempo, le he visto cuatro o cinco veces debilitados sus poderes y, en cada año que pasa y con mi niñez lejana, dejo de creer en la sobrehumana fuerza de papá al ver impregnado en su rostro y cuerpo las crueles marcas del tiempo. Pero, a pesar de las décadas transcurridas, de aquel Superman de mis primeros años aún permanece el rulo sobre su frente y el gran poder de su corazón.

Walter Toscano.
Casa Grande, miércoles, 09 de enero de 2013.